Testamento de amor

 

Hoy es el día de ser románticos, de escribir eso que la gente teme y que no quiere hacer hasta cuando uno está casi muerto (no estoy de broma). Hablo de los testamentos, pero no de esos en los que dices a quién le dejas tu casa y a quién le dejas el coche, no. Hablo del amor, de a quien le doy todo lo de mi interior, a quién se lo dejo y a quién le entrego todo mi corazón. Eso es a ti, porque este testamento de amor está dirigido sola y únicamente a ti.

La meta en mi vida era muy variada hasta que te conocí, que es cuando ésta se convirtió en amarte, simple y llanamente. En cuidarte, en hacerte feliz porque eso también me hacía feliz a mi. Eres el refugio de mi alegría y el refugio de mi vida en donde se me permite soñar bien alto. La verdad es que no podría ser más feliz con otra persona a mi lado, pues tú eres el motivo de mi constante sonrisa.

Me gusta tu forma de ser, de pensar y ese color de tus ojos como el cielo. Tienes aún esa mirada tan encantadora, alegre y hechizada que me hace ver el color de la felicidad e incluso olerlo. Gracias por dejarme soñar contigo, por equivocarme y aprender de ello, por caerme y levantarme, por provocar esa ilusión que nunca antes había sentido, por caminar juntos, por elegirme para sentir todo esto.

Soy un afortunado y ahora siento que respiro, que ando, que existo. Mil millones de gracias por ser tan fiel, tan comprometida y tan bonita. Espero que sepas que hasta el fin de mis días te amaré, porque no me sale hacer otra cosa. Porque desde que has sido mi objetivo para amarte, ahora no puedo dejarte escapar ni un sólo día y siempre intentaré que seas feliz y que no decaigas en ningún momento.

Para protegerte, para quererte, para admirarte, para abrazarte, para hacerte reír y para besarte. Este testamento de amor es todo tuyo cariño, te amo con mucha locura.