Por que lloras

por que lloras

Mi querida amiga,

Un día te vi sola, en una esquina sentada, sin ganas de que nadie te molestara y yo te respeté. Entiendo que cuando alguien quiere estar solo, no necesita a nadie más en el mundo que su soledad y sus ganas de desahogarse. Lo respeto y lo entiendo. Aunque déjame decirte que tu aura era tan triste, tu vida parecía tan vacía y tan poca cosa, que a mí también me dieron ganas de ponerme a llorar. Pero dejé pasar el momento, los abrazos o los consejos que pudiera darte y creí que lo mejor era dejarte sola.

Otro día, volví a encontrarte en una situación parecida. “¿Qué te pasa” te pregunté en un susurro y solo pudiste llorar y echar a correr. Te fuiste casi sin decir ni media palabra. No sabía qué estaba pasando, solo sabía que mi mejor amiga se pasaba el día sola en una esquina llorando sin querer saber nada de nadie. Fui a buscarte, lo juro, te busqué pero no te halle. ¿Dónde estabas? No lo sé. Solo sabía, en aquel momento lejano, que eso no se podía volver a repetir, los amigos estamos también para lo malo. Lo juro.

Es por eso que hoy, que te he visto en las mismas circunstancias te escribo esta carta. No sé que te pasa y si tu no me lo dices yo no puedo hacer nada. No me dejas acercarte, porque sales corriendo, ni decir una palabra, pues no respondes. Así que voy a intentarlo con esta carta. Déjame ayudarte, la amistad es algo precioso, sobre todo si se comparte bien y se hace bien. Yo quiero estar ahí para ti, no huyas de quién te quiere, por favor. ¿Podrías hacerme un hueco en tu vida?

Piénsalo amiga, no puedo hacerte daño, solo quiero tu bien.