Solo quedan las ganas de llorar

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Sólo me quedan las ganas de llorar. No quería ni herirte ni salir yo mal parada y herida, pero así ha sido. Me pensaba que esto sería para siempre, pero al final he pecado de ilusa, ¿o no?. Esto ha ido mucho más rápido de lo que pensaba y ha acabado siendo un desastre.

He sido una idiota de manual al creerme tanto mis propias mentiras como las tuyas. Desde los típicos “te quiero” hasta cualquier otro tipo de palabrería que me creía con ganas, a gusto y encima pensaba que a día de hoy todavía me amabas como el primer día. En realidad se notaba a la legua, de bien lejos, que ya no había nada en ti que estuviese colado por mí. Creía, de hecho, que serías esa persona que me secaría las lágrimas en todos los peores momentos, pero nunca has vuelto a estar ahí. De hecho pensé que me darías tus consejos cuando los necesitase y que me apoyarías siempre en todo lo que hiciese, pero… al final me di cuenta de que ya no te importaba. Siempre pensé que eras el príncipe azul de película con el que siempre soñé y has acabado siendo el enemigo, porque has dejado mi amor a medias.

Ahora sólo me queda llorar, porque al final es purgar pena, deshidratar todo ese miedo que hay en mí. He sudado toda la angustia que me había llenado hasta desbordar, he cerrado los ojos y he abierto el corazón. Estoy aprendiendo a vivir la vida como Dios manda, para ser mejor, para aprender de mí, de los errores, para evitar gente como tú. Porque ahora oigo hasta al viento, soy capaz de hablar con una flor, comunicarme con todo porque antes estaba tan ciega de amor que no veía más allá de ti.

Una nueva vida se me abre y la frase de que sólo me queda llorar, la borro de mi vida porque ya no me quedan más lágrimas para echar. Ahora me viene lo bueno, soy positiva y quiero disfrutar de mi vida, de mis días sin ti a mi lado.