Un corazón que no olvida

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En mi juventud sentí el más alocado de los enamoramientos, de la noche a la mañana conocí a una mujer, que por su belleza había conseguido arrebatarme mi alma, y que por su personalidad había conseguido captarme por completo.

Me entregué a ella, le di todo lo mejor de mi, sin embargo, este sentimiento que llegó de manera inesperada, desapareció también de la manera que menos podía imaginar rompiendo mi corazón en pedazos.

Desde ese momento, he aprendido una valiosa lección acerca del amor, y es que antes de entregar nuestro corazón, debemos de estar seguros de que esa otra persona siente lo mismo por nosotros.

Aún así, todavía tengo muchas ganas de amar.