Un ejemplo a seguir

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Mi querido amigo:

Cada día que paso a tu lado me sorprendo un poco más y mas, por que eres mi inspiración, un espejo en el que me miro cada día y que me ayuda a comprender que no existe nada más importante que una amistad que te aporte y te empuje a ser mejor persona en todos los aspectos.

Cuando tu sonríes, mi corazón sonríe contigo, por que con tu felicidad la mía aumenta por momentos y se multiplica como por milagro.

Tu corazón transmite fuerza y sentimientos tan puros que en ocasiones siento que no soy merecedor de tu amistad, y que estaré perdido el día que desaparezcas de mi lado y no puedas estar conmigo, como si fueras un hermano: sangre de mi sangre.

Me conformo con saber que esta amistad nos unirá más allá del tiempo y el espacio, por lo que no sé como comenzar a agradecerte todo lo que cada día haces por mi.

La amistad verdadera no se compra ni se vende, pero se siente como un fuego que te resguarda lo más profundo de tu corazón del frío y de los problemas, y eso es precisamente lo que tu me das cada día, como aquella vez que te arriesgaste por mi y supiste elegir el camino correcto.

Tu sabiduría es tal, que siempre me quedo sorprendido de todo lo que aprendo de ti, como un maestro que sabe disciplinar a un niño, pero siempre con felicidad y una sonrisa en la boca.

Lo mejor de ti es tu bondad, y el poco miedo que tienes a entregar lo mejor de ti a todas las personas que te rodean.

Te quiero con todo mi corazón, y te valoro al máximo, por que un amigo como tú tan solo se encuentra una vez en la vida.